80 sacerdotes asesinados en México en tres décadas, alerta la Iglesia.

Guerrero lidera ataques contra líderes religiosos, denuncian durante los Diálogos por la Paz

Alberto Gómez

El sacerdote Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo de Diálogo Nacional por la Paz, reveló que en los últimos 35 años han sido asesinados 80 sacerdotes y seminaristas en México, casos que han dejado una profunda herida en la Iglesia y en las comunidades donde servían.

Los homicidios más recientes son los del párroco Marcelo Pérez Pérez en Chiapas y del padre Bertoldo Pantaleón Estrada en Guerrero.

Durante las jornadas de los Diálogos Nacionales por la Paz en Chilpancingo, organizadas en memoria del padre Bertoldo, Atilano subrayó que Guerrero es la entidad más peligrosa para el clero, con al menos 10 sacerdotes asesinados pertenecientes a las diócesis de Chilpancingo-Chilapa y Ciudad Altamirano.

El representante de la Iglesia católica lamentó que los ataques contra líderes religiosos tienen un impacto devastador en el tejido social:“es atacar la dimensión sagrada de la vida, entrar con una institución que ha servido de refugio para la comunidad, entonces también es lastimar esas instancias de protección de la comunidad”, afirmó.

Atilano señaló que los encuentros por la paz buscan promover una cultura del diálogo y la reconciliación, convencidos de que la palabra es el camino para resolver los conflictos. No obstante, hizo un llamado urgente a fortalecer las instituciones de justicia.

“Si queremos que el país mejore, es indispensable reformar las fiscalías estatales. Ahí está el cuello de botella que impide resolver los casos y garantizar justicia”, denunció.

Sobre la reciente detención de Miguel “N”, presunto implicado en el asesinato del padre Bertoldo, confió en que las autoridades profundicen en la investigación y se esclarezcan las causas y el móvil del crimen.

Finalmente, expresó su esperanza de que con el sacrificio del padre Bertoldo, se siembre la semilla de un Guerrero en paz, como sucedió con los asesinatos de los sacerdotes Jesuitas en Chihuahua y del cura Marcelo en Chiapas.

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