Doña Filadelfa: doce años de búsqueda y resistencia
Redacción
El 2 de octubre de 2013 quedó grabado en la memoria de Doña Filadelfa de la Cruz Molina como el día en que la vida se le partió en dos. Su esposo, Javier Castro Castro, taxista de 39 años, desapareció en la colonia Omiltemi de Chilpancingo junto a dos compañeros del mismo oficio: Eric Daniel Carrera Rodríguez y otro conocido como Delfino.
Los tres estaban en su día de descanso cuando hombres armados, presuntamente policías estatales, llegaron en camionetas blancas y se los llevaron rumbo a Amojileca. Desde entonces, nada se ha sabido de ellos.
Javier era padre de tres niños, de 8, 12 y 17 años en aquel entonces. Hoy, esos hijos tienen 20, 24 y 29 años, y crecieron con la ausencia del hombre que los levantaba cada mañana para ir a la escuela y los aconsejaba en cada paso.
Doña Filadelfa tuvo que convertirse en todo: madre, padre, sostén y consuelo.
Cuando su esposo desapareció, ella comenzó a buscarlo pegando fotografías y preguntando en las calles. Pero pronto llegaron las amenazas. Le advirtieron que si seguía insistiendo, sus hijos pagarían las consecuencias.
Con el miedo marcado en el cuerpo, abandonó Chilpancingo y se refugió en la Ciudad de México. No pudo denunciar, el pánico la obligó al silencio.
A pesar del tiempo y las dificultades, nunca ha dejado de esperar. Su lucha no ha sido en plazas ni tribunales, sino en la sobrevivencia diaria, en mantener vivos los recuerdos de Javier y en enseñar a sus hijos que la dignidad no se abandona, ni siquiera en el dolor.
Hoy, doce años después, Doña Filadelfa sigue buscando. Quiere saber qué pasó aquel día, quién se lo llevó y dónde está el hombre con el que construyó una familia. “Mientras yo viva, no dejaré de buscarlo”, afirma.
La historia de Doña Filadelfa es la de miles de mujeres que en silencio sostienen la memoria de los desaparecidos. Es la historia de un amor que resiste al miedo, y de una promesa que ni el tiempo ni las amenazas han podido borrar.










