Tradición con sabor y herencia familiar: la panadería “Conchita” mantiene viva la elaboración del pan de muñeco en Chilapa
Jesús Rojas
En el corazón de Chilapa, la familia Jaimes Gutiérrez continúa preservando una de las tradiciones más queridas de la temporada de Todos Santos: la elaboración del pan de muñeco, una receta que ha pasado de generación en generación por más de cuatro décadas.
Doña María Concepción Gutiérrez Gatica, conocida cariñosamente como Doña “Conchita”, recuerda que lleva alrededor de 40 años dedicándose al oficio del pan junto a su esposo. Cada temporada, su familia prepara cerca de 4 mil muñequitos de pan, de distintos tamaños, que son distribuidos en el mercado y en los hogares de Chilapa.
“Todos mis hijos aprendieron a ayudarnos, a vender y a despachar. Ahora son mis nietos quienes siguen con esta tradición, ellos salen a vender el pan en las tardes, mientras nosotros despachamos desde la casa o el mercado”, comentó doña Conchita, con orgullo.
El pan que elaboran se distingue por su color moreno, resultado del piloncillo utilizado en la masa, además del llamativo tonos morados, con los que decoran cada figura, que simbolizan la alegría de recibir a los fieles difuntos.
La preparación comienza a principios de octubre, y durante las últimas semanas del mes se intensifica la producción y pintura de los muñecos, que representan a niños, angelitos y animales.
Su hijo Antonio compartió que la tradición se mantiene viva gracias al esfuerzo de toda la familia:
“Desde niños empezamos a ayudar. Mi mamá nos corría porque pintábamos mal los muñecos”, recuerda entre risas. “Ahora somos nosotros quienes salimos a vender y ayudamos a mantener la tradición que nos enseñaron nuestros padres”.
Antonio explicó que los días más fuertes de venta son el 30 y 31 de octubre, cuando las familias acuden a comprar el pan para colocar en las ofrendas.
“Decimos que en esta temporada el muñeco tiene un sabor más rico, más intenso… quién sabe por qué”, comentó con una sonrisa.
Los nietos también forman parte esencial de esta tradición. Brian Uriel, de 13 años, asegura sentirse agradecido de aprender este oficio familiar:
“Es un orgullo pintar con mis abuelitos. Lo que recaudamos de los muñequitos pequeños es para nosotros, y eso nos motiva a seguir ayudando cada año”, compartió mientras mostraba con orgullo sus panes pintados.
Junto a él, sus hermanos Víctor Fernando y Kevin Santiago colaboran pintando y vendiendo los muñequitos.
“Nos gusta mucho pintar porque los ponemos en las ofrendas para los niños difuntos. Invitamos a todos a que vengan a comprar muñequitos en la panadería Conchita”, expresaron los pequeños.
Con emoción y esperanza, doña Conchita finaliza con un deseo que refleja su amor por el oficio:
“Ojalá que alguno de mis nietos siga con esta tradición del pan chilapeño. Que nunca se pierda lo que nos enseñaron nuestros antepasados: ofrendar con amor a nuestros difuntos”.










