Ser Guardia Nacional mujer, es una vocación con mucho orgullo
Alberto Gómez
Cuando Ana Paola Moctezuma Pérez se coloca el uniforme cada mañana, no solo se prepara para cumplir con su deber; también representa el esfuerzo, la disciplina y el sueño de muchas mujeres que han decidido abrirse camino en el ámbito de la seguridad pública.
A sus 26 años, Ana Paola porta el grado de subteniente dentro de la Guardia Nacional, un logro que ha construido a lo largo de ocho años de servicio.
Desde la segunda compañía de vías de comunicación en Chilpancingo, realiza labores de proximidad social y participa en actividades operativas que buscan brindar mayor seguridad a la ciudadanía.
Para ella, formar parte de la institución significa mucho más que un empleo. Es una vocación que asume con orgullo y que también llena de satisfacción a su familia. Pero, sobre todo, considera que su presencia dentro de la corporación es un ejemplo para otras mujeres que buscan abrirse paso en espacios que durante mucho tiempo fueron considerados exclusivamente masculinos.
“Ser mujer en la Guardia Nacional es una responsabilidad y también un honor”, comparte Ana Paola, quien desde corta edad soñaba con vestir el uniforme y servir a su país.
En la misma estación de vías de comunicación de Chilpancingo de la Guardia Nacional, otra historia similar se escribe todos los días. Se trata de la subteniente Zianya Daniela Reyes Romero, de 23 años, quien desde hace seis años forma parte de la corporación.
Su trabajo se centra en la prevención de accidentes de tránsito, así como en la vigilancia para reducir el robo de vehículos particulares y de transporte. Cada jornada implica recorrer carreteras, atender emergencias y mantener la vigilancia en tramos donde la seguridad es fundamental para quienes transitan por la región.
Para Zianya, portar el uniforme también tiene un significado profundo. Considera que ser mujer dentro de una institución de seguridad pública representa fortaleza, responsabilidad y la oportunidad de demostrar que las mujeres pueden desempeñar estas funciones con la misma capacidad y compromiso.
“Representar a las mujeres en la Guardia Nacional es un privilegio, tanto para la sociedad como para nuestras familias”, afirma.
Historias como las de Ana Paola y Zianya reflejan la transformación que ha vivido la corporación en los últimos años. Hoy, las mujeres no solo participan en labores administrativas, sino también en tareas operativas y de proximidad social.
Cada una enfrenta retos diarios que implican disciplina, preparación física y un firme compromiso con el servicio. Sin embargo, también representan una nueva generación de mujeres que fortalecen la seguridad del país y construyen confianza con la ciudadanía.
En cada patrullaje, en cada operativo y en cada servicio a la comunidad, ellas demuestran que la vocación de servir no tiene género, pero sí mucho orgullo.










